La desregulación del mercado eléctrico que impulsa el Gobierno Nacional tiene un límite físico con la red de transporte. Así lo planteó el director general de Transener, Pablo Tarca, este jueves en el VIII Forum Nacional de Energía, organizado por LIDE Argentina en el Alvear Icon Hotel bajo el lema Argentina Global Energy: La carrera global por el capital y la infraestructura. “Para que la desregulación de la generación y la distribución sea un éxito necesita una infraestructura de transporte que hoy no tenemos”, afirmó Tarca en el panel que compartió con Daniel Marx, presidente de Edenor, y Fernando Bonnet, CEO de Central Puerto, moderado por Nadia Sager.

 

“La teoría económica se choca con la parte de la infraestructura”, señaló el ejecutivo y explicó que “para que se pueda competir por la generación y la demanda encuentre la mejor oferta, se necesita una infraestructura que hoy no está”. Para el director de Transener, la condición de base para que aparezcan las inversiones es que se cumpla lo que está escrito. “Es la manera más directa para que aparezcan señales para que tengamos infraestructura”, sostuvo.

 

Tarca consideró que no existe una contradicción entre un sistema seguro y uno competitivo, y ubicó el problema en otro lado: “El error es cuando intervienen las empresas”. En ese marco, remarcó que los monopolios naturales como el transporte eléctrico necesitan regulaciones que se cumplan “de manera clara y sin intervención”, porque de lo contrario se  “vuelven ineficientes”.

 

El eje de su intervención fue AMBA I, la primera gran obra de transmisión que el Gobierno licita bajo un esquema de concesión privada. “Tiene que salir AMBA I, y tenemos que empezar a discutir las que vienen después construyendo AMBA I”, planteó. Tarca destacó que en los últimos dos años el sector dio “un gran paso”: hoy nadie discute cuáles son las obras necesarias. “Lo que necesitamos es que terminen haciéndose”, señaló.

 

 

El directivo recordó que desde la privatización de los años 90 el gran talón de Aquiles del mercado fue que nunca funcionaron las señales para que aparezca infraestructura de transporte. “Cada vez que hubo oportunidades, al final del día son muy pocos los kilómetros que se hicieron con las reglas que están escritas. Con lo cual es muy refundacional lo que pasa con AMBA I. Tenemos que hacer un esfuerzo para que funcione”, enfatizó.

 

Cabe recordar que la Secretaría de Energía lanzó la licitación nacional e internacional mediante la Resolución 202/2026, publicada en el Boletín Oficial el 12 de agosto. El proyecto prevé una inversión estimada de USD 800 millones y contempla unos 270 km de nuevas líneas de transmisión en 500 kV, 220 kV y 132 kV, una nueva Estación Transformadora Plomer de 500/220/132 kV y la incorporación de 2.160 MVA de potencia de transformación. El plazo de obra es de hasta 52 meses, con finalización estimada hacia mediados de 2031. En la primera quincena de diciembre se realizará la apertura de ofertas. 

Edenor: la competitividad se juega en toda la factura

 

A su turno, Daniel Marx describió a la distribución como un segmento “en un proceso de transición”, con “un camino recorrido importante” pero con cuestiones aún pendientes. “El sector de la distribución venía del stalinismo”, bromeó, en referencia a los años de congelamiento.

 

Según explicó, tras la normalización de varios precios relativos, la variable de ajuste para sostener el servicio ya no es CAMMESA sino una tarifa que, además, permitió viabilizar planes de expansión. Admitió que la compañía mantiene “una discusión con el regulador sobre distintos aspectos”, pero destacó que Edenor logró acceder a financiamiento para optimizar su plan de inversiones y adaptarse a cambios tecnológicos como la baja de precios de paneles solares y baterías.

 

 

El presidente de la distribuidora puso el foco en que la competitividad no depende solo de su segmento. Detalló que en la factura que paga el usuario el mayor componente es la generación, seguido por el Valor Agregado de Distribución (VAD), el transporte —de menor peso— y los impuestos. “Podemos hablar de controlar costos y hacerlo más competitivo por el lado de distribución, pero para ser competitivos tiene que encajarse con los otros segmentos, que incluyen al Estado”, sostuvo.

 

Entre los temas pendientes de la desregulación mencionó la asignación de la energía para la demanda que queda bajo la órbita de las distribuidoras, que varía según la composición de usuarios de cada empresa y cada localidad, y la adaptación de los mecanismos de pass through, el traslado de costos a tarifa.

 

Marx señaló que los grandes usuarios representan un número menor de clientes pero tienen un peso muy importante en la facturación, y son los que más rápido pueden adaptarse a los movimientos del mercado. En ese sentido, anticipó que Edenor estudia el impacto de la generación y el almacenamiento distribuido, que puede cambiar la incidencia entre potencia y energía en esos clientes. En paralelo, la empresa trabaja en reducir cortes, acelerar reparaciones y bajar las pérdidas técnicas y no técnicas.

 

“El desafío ahora es extender el horizonte”, afirmó, y estimó que las inversiones más provechosas requieren plazos de entre 3 y 20 años. A su juicio, eso permitiría aprovechar ventajas como el gas natural y tecnologías ya probadas en otros mercados cuyos costos en dólares cayeron, para que, “pasado este primer obstáculo”, Argentina sea “un país con energía competitiva que sirva a la economía”.

Central Puerto: contratos que “traspasen los mandatos”

 

Por su parte, Fernando Bonnet llevó el debate al plano de la previsibilidad política. “Lo fundamental para el sector es el largo plazo. Nuestras inversiones se pagan en el largo, pero se hacen con las señales en el corto”, sostuvo. El CEO de Central Puerto planteó que la contractualización de largo plazo entre privados es la principal herramienta para protegerse de eventuales cambios regulatorios ante un nuevo gobierno. “En nuestro sector los contratos vigentes se han respetado, no así la regulación spot y de corto plazo”, advirtió, en alusión al mercado de oportunidad.

 

“Cuanto más logremos como sector contractualizar a largo plazo, hacer inversiones y contratos que traspasen los mandatos, habremos dejado de mirar al regulador y mirarnos entre nosotros”, afirmó. Y agregó: “Si seguimos con un mercado spot gigante, no habremos avanzado para independizarnos”. Bonnet detalló que las generadoras ya lograron contractualizar cerca del 20% con grandes usuarios, lo que permitió que muchas industrias no sufrieran saltos de precio en invierno. El próximo desafío, señaló, es llegar al 60% con la liberalización prevista para abril del año próximo. Para eso, consideró clave que las distribuidoras se conviertan en actores relevantes de los contratos de largo plazo, no solo Edenor y Edesur sino también las empresas provinciales. Según explicó, eso habilitaría obras de ampliación entre privados.

 

Por último, se refirió a la unificación de los distintos esquemas de generación para evitar precios diferenciales y al avance de la generación de pequeña escala, que abre el juego a nuevos jugadores que no podían competir en grandes centrales hidroeléctricas o térmicas por su capacidad técnica y financiera. Sin embargo, advirtió que deben contemplarse las garantías exigidas a cada proyecto, para evitar adjudicaciones a oferentes que luego no las concretan, así como los estudios ambientales, de terreno e impacto social. “Si en un par de años el largo plazo es dominante en el sector, hemos ganado”, remató.