La Vaca Viva del Norte Grande: la ley de biocombustibles como motor de desarrollo e integración federal
PorCarolina Moisés
El bioetanol es mucho más que una fuente de energía: representa empleo, arraigo, valor agregado y desarrollo federal. La nueva ley de biocombustibles puede convertir la riqueza renovable del Norte Grande en un motor estratégico para la producción y la integración nacional.
Opinión
Durante años, el debate energético nacional ha mantenido la mirada concentrada casi exclusivamente en el subsuelo del sur del país. Sin embargo, la Argentina del siglo XXI nos exige mirar con la misma fuerza hacia nuestra “vaca viva”: esa riqueza renovable que nace, crece, se produce y se renueva año tras año en nuestros campos. No se trata de elegir entre las provincias petroleras y las provincias bioenergéticas, ni de alimentar falsas antinomias entre dos matrices que deben complementarse. Necesitamos ambas fuentes de energía para transformar la producción primaria en valor agregado en origen, generar empleo genuino y hacer federalismo de verdad.
Para quienes nos criamos en una ciudad del interior como San Pedro, -una de las principales zonas productoras de caña de azúcar de la provincia de Jujuy-rodeados de cañaverales, el bioetanol no es una fría cifra ni un porcentaje técnico. El sonido de la sirena del ingenio marca el inicio de la zafra e indica que la vida social, económica y cultural de los pueblos en Jujuy, Salta y Tucumán vuelve a ponerse en marcha. Esta actividad representa arraigo territorial, la posibilidad concreta de que nuestras familias permanezcan en sus comunidades evitando el desarraigo, y la consolidación de una cultura popular ligada al trabajo.
En términos económicos, la agroindustria de los biocombustibles constituye una columna vertebral para el desarrollo regional: el bioetanol representa el 30% de las ventas brutas de la industria azucarera. Desde el año 2010, la superficie sembrada creció un 50%, mientras que la producción de bioetanol se triplicó, pasando de 200.000 a 600.000 metros cúbicos. No obstante, las trabas burocráticas y los debates políticos erróneos nos hicieron perder tiempo frente a nuestros vecinos de la región, donde países como Brasil han alcanzado un 32% de mezcla y Paraguay un 25%, mientras en Argentina aún peleamos por consolidar un piso del 15%.
Superar esta inercia exige trascender con madurez las diferencias y mantener una visión de grandeza. Desde la ley fundacional de 2006, en la que tuve el orgullo de participar como diputada nacional, he sostenido que la transición energética es ante todo una política de desarrollo regional. Este avance legislativo ha sido posible gracias al trabajo articulado de los nueve gobernadores de la Liga de Provincias Bioenergéticas, junto a sus ministros y equipos técnicos, quienes comprendieron la trascendencia de construir un objetivo común.
Asimismo, en el Senado de la Nación logramos construir dictamen mediante un esfuerzo transversal impulsado por senadores como Alejandra Vigo y Camau Espínola —autores del proyecto que acompañé para fijar el corte del 15%—, sumado al aporte clave de senadores como Flavio Fama, Flavia Royón y Sandra Mendoza, entre otros. A este trabajo se unió el respaldo indispensable de las cámaras e instituciones del sector, entre ellas la Unión Industrial del Norte Grande (Uninorte), la Bolsa de Comercio de Chaco, la Asociación Barbechando, la Cámara Argentina de la Construcción de Córdoba, la Universidad Nacional de Córdoba y el Instituto de Estudio Técnico en Tucumán, entre otras (si querés sumo a todas).
Sin dudas, haber logrado la media sanción en el Senado de la Nación implicó un enorme esfuerzo y un gran triunfo. Esperamos que las y los diputados voten afirmativamente por esta Ley y el Poder Ejecutivo la promulgue.
Carolina Moisés – Senadora Nacional por Jujuy.
El logro de todos será comprender que los biocombustibles representan trabajo, valor agregado y soberanía. Apostar por el bioetanol es encender la sirena del progreso en nuestras provincias y dotar a la Argentina de una matriz energética verdaderamente federal.