La expansión internacional de Rosatom suma nuevos capítulos y vuelve a colocar a Rusia como uno de los principales actores de la nueva etapa de crecimiento de la energía nuclear. Mientras la corporación estatal avanza en el desarrollo de centrales flotantes y amplía su cartera tecnológica, dos ex repúblicas soviéticas -Kazajistán y Armenia- mantienen proyectos para incorporar nueva capacidad nuclear con participación rusa.

 

El movimiento tiene una dimensión que excede la construcción de centrales eléctricas. Para Moscú, los proyectos nucleares permiten establecer relaciones de largo plazo que abarcan el diseño, la construcción, el suministro de combustible, el mantenimiento, la capacitación de personal y, en algunos casos, el financiamiento de las instalaciones.

 

Uno de los avances más significativos se produjo este jueves en Kazajistán, donde Rosatom y Kazakhstan Nuclear Power Plants firmaron el contrato EPC para la construcción de la central nuclear de Balkhash, que tendrá dos unidades y una capacidad total de 2.400 MW. El proyecto estará ubicado cerca de Ulken, en la región de Almaty.

 

El acuerdo representa el paso contractual más importante hasta ahora para la primera central nuclear kazaja y consolida una decisión que el país había tomado en 2025, cuando seleccionó a Rosatom como líder para desarrollar su primera planta.

 

 

La importancia de Kazajistán para la estrategia nuclear rusa es especialmente relevante porque se trata del mayor productor mundial de uranio. El país concentra alrededor del 14% de los recursos globales y produjo unas 25.839 toneladas de uranio en 2025, cerca del 40% de la producción mundial.

 

La relación nuclear entre ambos países, por lo tanto, no se limita a la construcción de una central. Existe una vinculación mucho más amplia alrededor del ciclo del combustible y de la industria nuclear. Kazajistán aprobó además una estrategia de desarrollo del sector nuclear hasta 2050 que contempla al menos tres centrales nucleares operativas para ese horizonte, con la posibilidad de una cuarta.

 

Rosatom fue elegida para la primera planta, pero el escenario no implica un monopolio ruso sobre la futura expansión nuclear kazaja. El país también prevé proyectos en los que podrían participar empresas chinas, una muestra de que Asia Central se está convirtiendo en un espacio de competencia entre distintos proveedores nucleares. El esquema ruso, que consiste en tecnología más financiamiento, construcción y cooperación regulatoria, constituye una de las principales herramientas mediante las cuales Rosatom logró mantener y ampliar su presencia internacional.

 

El futuro nuclear armenio

 

El segundo caso es Armenia, donde Rusia también busca mantener un papel central en el futuro nuclear del país. El primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, confirmó que el director general de Rosatom, Alexey Likhachev, viajará al país durante septiembre para presentar una propuesta rusa para la construcción de una nueva central nuclear.

 

 

Pashinyan aseguró que Armenia busca la mejor relación entre precio y calidad y sostuvo que la elección no debe interpretarse como una decisión geopolítica. El Gobierno armenio, de hecho, está evaluando propuestas de Rusia, Estados Unidos, Francia, China y Corea del Sur

 

La competencia es particularmente significativa porque Armenia ya decidió que su próxima instalación nuclear tendrá tecnología modular. El país necesita resolver además el futuro de Metsamor, su actual central nuclear, que está siendo modernizada para extender su operación hasta 2036. Rosatom ya participa en esos trabajos a través de su subsidiaria Rusatom Service. Rusia, por lo tanto, no parte de cero: cuenta con décadas de experiencia en la operación y modernización de la infraestructura nuclear armenia.

 

Pero el escenario está cambiando. Armenia también profundizó su cooperación nuclear con Estados Unidos, que en febrero de 2026 firmó con Ereván un acuerdo de cooperación para los usos pacíficos de la energía nuclear que habilita a empresas estadounidenses a participar en proyectos del sector. 

 

Las unidades nucleares flotantes 

 

En simultáneo, Rosatom analiza la creación de una nueva instalación en Murmansk, con salida al océano Ártico, especializada en la construcción y terminación de centrales nucleares flotantes. La iniciativa responde, según la compañía, al volumen esperado de futuros pedidos para este tipo de unidades. 

 

La empresa ya cuenta con experiencia operativa en esta tecnología. El Akademik Lomonosov, equipado con dos reactores KLT-40S de 35 MW cada uno, comenzó a operar comercialmente en 2020 y abastece de electricidad y calor a Pevek, en la región rusa de Chukotka. 

 

 

Ahora Rosatom trabaja en una nueva generación de centrales flotantes basadas en reactores RITM-200M, derivados de la tecnología utilizada en los rompehielos nucleares rusos. La compañía prevé unidades de al menos 100 MW, con una vida útil de hasta 60 años, y apunta también al mercado internacional. 

 

La tecnología tiene un atractivo particular para regiones aisladas o proyectos industriales alejados de las grandes redes eléctricas. En Rusia, las primeras unidades de esta nueva generación están destinadas a abastecer instalaciones mineras en el extremo oriental del país.

 

El avance de Rosatom en Kazajistán y la competencia que mantiene en Armenia muestran cómo la energía nuclear se convirtió nuevamente en un terreno de disputa tecnológica y geopolítica. Por eso, la exportación nuclear constituye para Rusia una herramienta de influencia económica y estratégica particularmente relevante.

 

En ese escenario, Rosatom procura conservar una posición privilegiada en una región donde durante décadas tuvo una presencia dominante. Kazajistán acaba de dar un paso decisivo al firmar el contrato para su primera central con la compañía rusa; Armenia, en cambio, todavía mantiene abierta la competencia. Y mientras disputa esos mercados, Rusia continúa desarrollando nuevas tecnologías —como las centrales flotantes— con la expectativa de convertirlas también en un nuevo producto de exportación nuclear.