El regulador británico dio luz verde a 16 proyectos de almacenamiento eléctrico de larga duración que permitirán reforzar la seguridad del sistema y acompañar la expansión de las energías renovables.
26 de junio de 2026
El regulador británico dio luz verde a 16 proyectos de almacenamiento eléctrico de larga duración que permitirán reforzar la seguridad del sistema y acompañar la expansión de las energías renovables.

El Reino Unido dio un paso decisivo para fortalecer la flexibilidad de su sistema eléctrico al aprobar el desarrollo de 16 proyectos de almacenamiento de energía de larga duración (Long Duration Energy Storage, LDES), una infraestructura considerada fundamental para respaldar la creciente participación de fuentes renovables en la matriz energética.
La importancia de contar con esta infraestructura quedó en evidencia esta semana, luego que la ola de calor que azota a Europa obligara al operador del sistema británico a emitir advertencias por posibles restricciones en el suministro eléctrico, debido al incremento de la demanda y a la menor disponibilidad de generación.
El regulador energético británico Ofgem (Office of Gas and Electricity Markets por sus siglas en inglés) anunció que seleccionó una primera cartera de proyectos para acceder al nuevo esquema de financiamiento denominado “cap and floor”, diseñado para reducir el riesgo de inversiones de gran escala y acelerar el despliegue de tecnologías capaces de almacenar electricidad durante períodos de entre ocho y más de treinta horas.

En conjunto, los proyectos suman unos 7,6 GW de capacidad de almacenamiento e incluyen centrales hidroeléctricas reversibles, sistemas de aire comprimido, baterías de ion-litio de larga duración y una batería de flujo de vanadio, tecnologías que permitirán acumular excedentes de generación renovable para utilizarlos cuando disminuya la producción eólica o solar.
El desafío de los operadores eléctricos pasa por administrar la variabilidad de las fuentes eólicas y solares, a medida que aumenta su participación en los sistemas eléctricos nacionales.
Durante algunos períodos suele generarse más electricidad que la que demanda el sistema, mientras que en otras jornadas ocurre el fenómeno inverso. El almacenamiento de larga duración permite trasladar esa energía entre distintos momentos del día e incluso entre varios días consecutivos, reduciendo la necesidad de recurrir a centrales térmicas de respaldo.
El Reino Unido aspira a que el 95% de su electricidad provenga de fuentes bajas en carbono hacia 2030. Para alcanzar esa meta no basta con incorporar nuevos parques eólicos y solares: también resulta indispensable dotar a la red de capacidad para almacenar energía durante varias horas o incluso días.
Entre los proyectos seleccionados sobresalen tres nuevas centrales hidroeléctricas de bombeo en Escocia —las primeras de este tipo aprobadas en más de cuatro décadas— además de instalaciones de almacenamiento mediante aire comprimido y nuevas tecnologías electroquímicas.
El esquema regulatorio elegido busca incentivar inversiones que, por sus elevados costos iniciales y largos períodos de recuperación, difícilmente podrían desarrollarse únicamente con ingresos provenientes del mercado eléctrico.
Bajo el mecanismo “cap and floor”, los desarrolladores cuentan con un piso mínimo de ingresos que les brinda previsibilidad financiera, mientras que, si sus ganancias superan un determinado umbral, parte de esos excedentes retorna al sistema en beneficio de los consumidores.
La apuesta británica refleja una transformación que comienza a extenderse en numerosos países. Hasta hace pocos años, la transición energética se concentraba principalmente en ampliar la capacidad de generación renovable. Ahora, el foco se desplaza también hacia la infraestructura necesaria para gestionar esa electricidad de manera eficiente.
Organismos internacionales y analistas del sector coinciden en que el almacenamiento de larga duración será una pieza indispensable para reducir “pérdidas” en la generación de energía renovable, disminuir la dependencia de centrales alimentadas con combustibles fósiles y mejorar la estabilidad y la seguridad de los sistemas eléctricos frente a eventos climáticos extremos.
La decisión del Reino Unido se suma a otras iniciativas que avanzan en Europa, Estados Unidos y Asia para acelerar el desarrollo del almacenamiento energético, considerado uno de los pilares de la próxima etapa de la transición energética.
El consenso entre gobiernos, reguladores e inversores es cada vez más claro: el éxito de las energías renovables dependerá no solo de cuánto pueda generarse con el viento o el sol, sino también de la capacidad de almacenar esa electricidad y suministrarla cuando el sistema realmente la necesite.
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