El esquema de amortiguación –buffer– que venían aplicando las petroleras tuvo su punto de quiebre. Luego de que las petroleras privadas (Shell, Axion y Puma) actualizaran las pizarras de sus estaciones de servicio con incrementos de entre el 2% y el 5%,  luego de algunas dudas YPF se sumó a la tendencia e implementó un aumento promedio del 1% en sus combustibles a partir de las cero horas de mañana.

 

La decisión de la compañía de mayoría estatal se da en un escenario marcado por la escalada del conflicto bélico en Medio Oriente, que impulsó el precio internacional del petróleo crudo hacia la zona de los 100 dólares por barril. Dado que YPF ostenta aproximadamente el 55% del mercado minorista de combustibles, la brecha de precios respecto a sus competidoras privadas amenazaba con volcar masivamente la demanda hacia sus surtidores, incrementando la presión sobre su estructura de costos.

 

 

La medida adopta una relevancia particular tras las recientes declaraciones del presidente de YPF, Horacio Marín. Apenas un día antes del ajuste, el directivo había señalado que la intención de la empresa era sostener el mecanismo de buffer para evitar trasladar la volatilidad diaria del mercado internacional a los consumidores. Sin embargo, Marín también había advertido con claridad que, si la cotización internacional del crudo se sostenía de forma prolongada alrededor de los 100 dólares, los precios en los surtidores locales indefectiblemente tendrían que acompañar dicho nivel.

 

De esta manera, la compañía estatal aplica sus ajustes mediante un sistema de micropricing, que contempla variables de oferta, demanda y competencia regional. Aunque el incremento del 1% se mantiene por debajo de los porcentajes aplicados por la competencia privada, confirma que la decisión no aislar por completo el mercado local frente al complejo contexto energético global.