El Foro Económico Mundial presentó un análisis del escenario actual, donde propone acelerar decisiones políticas y tecnológicas en materia nuclear que parecían estancadas.
22 de abril de 2026
El Foro Económico Mundial presentó un análisis del escenario actual, donde propone acelerar decisiones políticas y tecnológicas en materia nuclear que parecían estancadas.

La crisis energética originada por las tensiones geopolíticas generó un efecto inesperado: la energía nuclear resurgió como protagonista para una nueva matriz global. El Foro Económico Mundial presentó un análisis del escenario actual, donde propone acelerar decisiones políticas y tecnológicas que parecían estancadas.
Durante la última década, la energía nuclear había perdido terreno frente al auge de las renovables y las preocupaciones por sus costos, la seguridad y los residuos generados. Sin embargo, el cambio de paradigma, debido a la volatilidad en el suministro de combustibles fósiles y la demanda por garantizar electricidad constante, están reconfigurando el panorama. Hoy, la energía nuclear vuelve a ser observada ya no como una alternativa posible, sino como un pilar estratégico.
El informe publicado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) destaca que este giro no responde únicamente a la coyuntura, sino también a cambios estructurales en la demanda eléctrica.
El desarrollo post pandemia de sectores intensivos como los Data Centers, la inteligencia artificial y la electrificación industrial, que requieren un suministro continuo de electricidad, puso en jaque a las fuentes renovables e intermitentes, como la solar o la eólica, que aún no pueden garantizar ese tipo de suministro por sí solas. En ese contexto, la capacidad de la energía nuclear para generar electricidad de forma constante la posiciona nuevamente en el centro del debate.

Según el artículo publicado en la página oficial del organismo, la nuclear “proporciona energía gestionable con disponibilidad las 24 horas y ayuda a reducir la dependencia de combustibles importados”, dos de los principales inconvenientes que afrontan muchos mercados hoy en día, con escenarios de conflicto bélico en diferentes puntos estratégicos del globo.
El interés por lo nuclear se traduce hoy en hechos concretos: la Agencia Internacional de Energía afirma que actualmente hay 63 reactores en construcción en todo el mundo y que, en los últimos cinco años, se han tomado decisiones para prolongar la vida útil de más de 60 reactores adicionales.
En ese mismo escenario, países como Alemania están revisando sus políticas energéticas y reconsiderando el proceso de abandono de la energía nuclear que emprendieron tras el accidente de Fukushima en 2011. En Asia, China continúa construyendo nuevas centrales nucleares a gran velocidad y a gran escala, mientras que la India también revitaliza su programa nuclear. Además, Estados Unidos se propuso aumentar la potencia de los reactores existentes en 5 gigavatios, e iniciar la construcción de 10 nuevos reactores de gran tamaño para 2030.
Este cambio de rumbo marca un quiebre respecto de años anteriores, donde predominaba la cautela o el rechazo a este tipo de tecnología. Uno de los motores más importantes de este resurgimiento es el desarrollo de los Small Modular Reactors (SMR), reactores modulares pequeños que prometen ser más económicos, rápidos de desplegar y adaptables a distintas necesidades energéticas.
Gracias a su tamaño reducido y a su diseño flexible, es posible instalarlos en áreas remotas o cerca de grandes consumidores industriales, lo que abre nuevas posibilidades para su incorporación a las redes eléctricas o a centros de consumo en lugares muy específicos.

Aunque todavía enfrentan desafíos técnicos y financieros en su etapa final de desarrollo, los SMR concentran gran parte de las expectativas del sector nuclear. Empresas tecnológicas e industriales están en plena etapa de exploración e integración para abastecer operaciones de alta demanda energética, lo que sugiere que la próxima ola nuclear podría estar más descentralizada y diversificada que en el pasado.
El análisis del WEF subraya que este “renacimiento nuclear” no implica un reemplazo de otras fuentes, sino una reconfiguración del mix energético global. En un contexto de crisis, la energía nuclear deja de ser una opción marginal para recuperar protagonismo como parte de una solución más amplia.
Así, en medio de la incertidumbre energética, la energía nuclear vuelve a escena como una pieza clave en la construcción del futuro energético. Según concluye el WEF, la actual crisis podría ser el punto de inflexión que termine de consolidar el regreso de la energía nuclear a la primera línea de la agenda global.
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