El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió públicamente el reciente acuerdo alcanzado con su par ruso, Vladímir Putin, para habilitar el suministro masivo de diésel desde Rusia, afirmando que los volúmenes pactados no solo abastecerán el mercado norteamericano, sino que contribuirán a estabilizar los precios en todo el mundo. La medida, acordada tras una conversación telefónica entre ambos líderes el 9 de octubre, contempla una flexibilización de las prohibiciones de exportación rusas y la suspensión temporal de las sanciones estadounidenses, lo que provocó un tajante rechazo por parte de los principales dirigentes de la Unión Europea.

 

El entendimiento contempla el envío inmediato de más de 300.000 toneladas de combustible diésel al mercado internacional y estadounidense, seguido por 500.000 toneladas adicionales durante noviembre y un suministro posterior de 1.000.000 de toneladas. Para viabilizar las operaciones, el Departamento del Tesoro de EE.UU. anunció la suspensión temporal de las sanciones sobre el diésel ruso hasta el 7 de abril de 2027, autorizando transacciones comerciales, descarga e importación directa. 

 

En respuesta, el Gobierno ruso —a través del viceprimer ministro Alexánder Novak— emitió una orden para levantar la prohibición de sus exportaciones y confirmó conversaciones activas entre empresas energéticas y ministerios de ambos países. La urgencia de Washington responde a una coyuntura crítica: la Reserva Estratégica de Petróleo de EE.UU. cayó a 283 millones de barriles en medio de tensiones con Irán e interrupciones en el estrecho de Ormuz, amenazando con encarecer el transporte de mercancías y disparar la inflación. 

 

Estrecho de Ormuz.

 

La reacción en Europa fue de frontal oposición: el canciller alemán, Friedrich Merz, calificó la medida de “impensable” para Alemania y el bloque comunitario, instando a endurecer las restricciones económicas contra Moscú bajo el argumento de que el Kremlin solo negocia bajo presión, postura respaldada por la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas. Desde Washington, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, respondió acusando a los líderes europeos de “doble moral”, recordando que los países de la UE han entregado más dinero a Rusia que a Ucrania desde el inicio del conflicto debido a su dependencia energética. 

 

En esa misma línea, el enviado especial ruso Kiril Dmítriev tildó la postura de Bruselas de “asombrosa hipocresía”, señalando que Europa ha pagado unos 320.000 millones de dólares en suministros energéticos rusos desde 2022. Por su parte, el primer ministro eslovaco, Robert Fico, advirtió sobre la ingenuidad de la UE, señalando que los europeos terminarán abasteciéndose de diésel estadounidense caro que, en última instancia, será de origen ruso.