En diálogo con el Post Energético, Claudio Molina alertó por la pérdida de rentabilidad de las compañías y acusó a la petrolera de mayoría estatal de presionar a las autoridades de Energía para no usar ese combustible de origen vegetal.
En diálogo con el Post Energético, Claudio Molina alertó por la pérdida de rentabilidad de las compañías y acusó a la petrolera de mayoría estatal de presionar a las autoridades de Energía para no usar ese combustible de origen vegetal.
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La nueva suba de los precios de los biocombustibles que se cortan con los de origen fósil, dispuesta por el Gobierno esta semana, no apaciguó los ánimos en un sector que viene advirtiendo desde hace meses -en particular en el biodiésel- por la pérdida de la rentabilidad y la sostenibilidad de las compañías.
Es que mientras la administración de Javier Milei atiende los reclamos del sector agropecuario, no ocurre lo mismo con el combustible que se elabora con aceite de soja, un rubro que en la Argentina supo tener un amplio desarrollo y mercados de exportación pero que hoy apenas lucha por su subsistencia.
En diálogo con El Post Energético, Claudo Molina, un reconocido experto que presidió la Asociación Argentina de Biocombustibles y fue uno de los impulsores de la primera ley del sector, señala que en la política que lleva adelante el gobierno nacional en el sector subyace la presión natural de YPF sobre la autoridad energética porque no quiere usar el biodiésel.
-¿Por qué subió este mes 4 por ciento el precio del biodiésel cuando la inflación mensual viene muy por debajo de ese nivel?
-En relación con la razonabilidad sobre la suba en el precio del biodiésel que dispuso la secretaría de Energía para el mes de agosto corresponde primero señalar que de acuerdo con lo que establece el artículo 14 de la Ley 27.640, la secretaría tiene que periódicamente ajustar los precios por lo tanto es lógico que mensualmente lo haga.
-¿Pero con qué criterio lo determina?
-Hay una resolución específica que establece el criterio para actualizar esos precios. Se trata de una polinómica que tiene varios términos representativos de elementos del costo de producción de biodiésel y una rentabilidad. Esto está en línea con lo establecido en el artículo 14 de la Ley pero ocurre que la Secretaría de Energía en el último año está ajustando el precio con un patrón que no deriva de esa fórmula polinómica. En su momento ajustaba un 2 por ciento, luego un 1, acorde a la variación del tipo de cambio, por el ajuste que deriva del crawling peg del banco central. Luego siguió una regla que solo ellos conocen, no es justamente la que se corresponde con evolución de costos de la que habla el artículo 14 de la Ley.
-¿Existen otros retrasos en los precios del sector?
-Los combustibles fósiles han subido en igual período mucho más y además los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono fueron recuperados parte del ajuste trimestral por IPC que establece la ley y que se viene demorando de la época que Gustavo Lopetegui era la máxima autoridad de Energía, con el objetivo de reducir el impacto que estos ajustes pueden tener sobre la inflación, que como sabemos es muy poco.
-¿Cuánto es el corte actualmente?
Los biocombustibles influyen con un porcentaje del total en las mezclas del 12 por ciento el bioetanol con las naftas y del 7,5 el biodiésel con el gasoil, que encima no se cumple, aunque hemos mejorado el porcentaje en biodiésel. En la gestión anterior no superaba el 4,4 por ciento y ahora está 6,2 por ciento pero la norma establece un 7,5.
-¿Cómo impacta el reciente cambio en los derechos de exportación del aceite de soja?
-Toda vez que haya una variación en los derechos de exportación se genera un impacto en el precio de las materias primas. Recientemente se redujo el derecho de exportación del aceite de soja de 31 a 24,5 por ciento lo que lleva naturalmente a que la paridad de exportación aumente más de un 9,4 por ciento con relación al valor anterior y al mismo tiempo tiene un impacto en el biodiésel, porque el aceite participa en más de un 80 por ciento del total de su precio.
-¿Es por ello que la secretaría de Energía autorizó este mes una suba del biodiésel del 4 por ciento cuando venía otorgando un 2 por ciento mensual?
-En esa suba no está contemplada la baja de las retenciones por lo que el 4 por ciento no alcanza. Esto genera un deterioro permanente, como ha ocurrido en el último año, en la rentabilidad de las empresas no integradas, tanto grandes como Pymes, que no tienen asociada una planta gran planta de crushing que la abastece del aceite de soja y por lo tanto muchas tienen que parar porque no pueden sostenerse trabajando a pérdida.
-¿A qué atribuye que el Gobierno tome medidas a favor del campo pero no escuche los reclamos del sector de biodiésel?
-Un deterioro de la rentabilidad como viene ocurriendo naturalmente lleva al cierre de empresas y ese podría ser el interés que subyace de la presión de YPF sobre la autoridad energética para con el precio del biodiésel.
-¿Qué ventajas tiene el biodiésel respecto al gasoil?
-De acuerdo con lo que estableció en 2012 un importante estudio de la Organización Mundial de Salud, el gasoil aumenta exponencialmente el riesgo que tiene el ser humano que se expone a sus gases de escape a contraer cáncer de vejiga y de riñón. El material particulado genera consecuencias gravísimas para la salud pero parece que los refinadores no lo tienen en cuenta. Por ahora la alternativa más eficiente es incorporar biodiésel. Si hubiera en el país, el aceite vegetal hidrogenado (HVO), también llamado green diésel, podría tener mejores condiciones para compatibilizarse con el gasoil.
-¿Esas alternativas son mejores que el biodiésel actual?
-Las condiciones del biodiésel no son para nada malas. Sus debilidades están exageradas por sus adversarios, los refinadores de petróleo -sobre todo YPF-. Estos otros biocombustibles son mucho más caros y hay que hacer grandes inversiones en un contexto de inestabilidad y además ante la necesidad de cambiar lo antes posible la Ley de Biocombustibles e incorporar algunos institutos de razonabilidad que le faltan.