Alejado de los primeros planos, donde sus polémicas opiniones le trajeron más de un dolor de cabeza, el exministro y exejecutivo de Shell Juan José Aranguren se mostró esperanzado por el impacto positivo que tendrá, en el corto plazo, Vaca Muerta sobre la balanza comercial argentina, aunque remarcó su preocupación por las consecuencias negativas para otros sectores productivos.
Durante un webinar organizado por el ITBA —donde dirige una maestría en energía—, el consultor aseguró que, a partir de 2030, la balanza energética podría registrar un superávit de USD 35.000 millones, lo que implicaría multiplicar por 4,5 el resultado del año pasado, que dejó un saldo favorable de USD 7.800 millones. Los cálculos de Aranguren parten de la premisa de un barril de petróleo a USD 60 y exportaciones de gas natural licuado (GNL) a USD 7,5 por millón de BTU.
Según el exministro de Mauricio Macri, el año pasado las exportaciones de energía explicaron el 70% del saldo favorable, pero para seguir ampliando la producción de gas y petróleo es necesario completar obras y proyectos de infraestructura que permitan superar los cuellos de botella del sistema y posibiliten exportar 1 millón de barriles por día y 150 millones de metros cúbicos de gas.
Para Aranguren, lo más sencillo es el petróleo, ya que no requiere procesos adicionales como la licuefacción del gas. Está avanzado el oleoducto VMOS, que se pondrá en funcionamiento durante el primer trimestre del año que viene, y permitirá exportar unos 200.000 barriles adicionales en una primera etapa; con las obras terminadas esa cifra treparía a 550.000 y podría llegar a 770.000 con una ampliación en estudio.

En el caso del gas natural, el consultor consideró que la mejor alternativa es exportarlo como GNL, porque el mercado regional “queda chico” para los volúmenes de Vaca Muerta. “La autosuficiencia nos va a permitir reducir las importaciones en invierno y exportar GNL. Si no convertimos el gas en GNL no vamos a poder exportarlo. Tenemos que hacer la infraestructura porque el mercado regional le queda chico a Vaca Muerta”, dijo, y mencionó como destinos potenciales a Asia (incluida China), Europa e incluso Brasil.
Aranguren advirtió que el fuerte ingreso de divisas podría “golpear” a otros sectores: “Es un riesgo que tenemos que prever. También destacó que la energía debe ser accesible, con precios competitivos que satisfagan las necesidades básicas de la industria y el comercio, y a la vez sostenible, en línea con el llamado “trilema” energético.
El exministro señaló además que la ventana del gas natural tiene un límite —“20, 30 o no más de 40 años”—, por lo que el tiempo para monetizar los recursos naturales es acotado, especialmente ante la competencia creciente de la energía solar con almacenamiento por baterías, cuyos avances tecnológicos y reducción de costos la hacen competitiva frente a la generación térmica.
Por último, Aranguren pidió considerar en la ecuación al sector energético “ampliado”, que incluye la minería de litio y cobre, insumos clave para la expansión eléctrica global a partir del almacenamiento y las interconexiones. “Con esos rubros, el saldo positivo puede superar los USD 45.000 millones por año”, concluyó.