Bélgica se suma al renacer nuclear europeo y negocia para nacionalizar el parque generador de la francesa Engie

El gobierno belga anunció que planea comprar las centrales nucleares que están en manos del gigante francés Engie, con el objetivo de frenar el “apagón nuclear” y garantizar el suministro eléctrico del país.

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Post Energético

En un giro estratégico novedoso, el Primer Ministro Bart De Wever anunció en la red social X que el acuerdo incluiría “una adquisición total” del parque nuclear en manos de Engie, que involucra a los siete reactores nucleares belgas que están envejeciendo. 

Actualmente, sólo dos de estos reactores están en operación, ubicados en Doel y Tihange, y sus licencias se prorrogaron hasta 2035. Los otros cinco fueron apagados post pandemia de coronavirus, entre 2022 y 2025, y los planes para desmantelarlos serán cancelados. Según declararon tanto el gobierno belga como la empresa francesa, el objetivo es alcanzar un acuerdo antes del 1 de octubre, que incluya, además de los reactores, al personal, las filiales vinculadas y tanto los activos como los pasivos asociados, entre ellos las futuras obligaciones de desmantelamiento.

La decisión de suspender los planes de cierre progresivo de las centrales implica un giro novedoso en la política energética belga: desde 2003 se trabajaba para implementar el abandono total de la energía nuclear. Una vez concretada la operación, el Estado pasará a gestionar directamente una infraestructura clave para su sistema eléctrico. “En consecuencia, todas las operaciones de desmantelamiento quedan suspendidas”, publicó también en X el ministro belga de Energía, Mathieu Bihet, despejando así cualquier duda sobre el futuro de las actividades atómicas en el país.

De Wever defendió la medida como una apuesta por una energía “segura, asequible y sostenible”, subrayando que permitirá reducir la dependencia de los combustibles fósiles y reforzar el control nacional sobre el suministro energético.

El trasfondo de la decisión está marcado por el contexto internacional de volatilidad energética, con el encarecimiento de los combustibles y tensiones geopolíticas que han llevado a varios países europeos a reconsiderar el papel de la energía nuclear. En este escenario, Bélgica busca garantizar estabilidad en el suministro y avanzar hacia una mayor autonomía energética.

Hasta ahora, el sistema nuclear belga ha sido un pilar fundamental del abastecimiento eléctrico, llegando a representar históricamente cerca de la mitad de la generación nacional. Sin embargo, la incertidumbre sobre los costos de operación y desmantelamiento, junto con la falta de interés de Engie en continuar con estos activos, aceleró las negociaciones para su transferencia al Estado.

La operación, aún en fase de negociación, es considerada de “alto riesgo” por su complejidad financiera y técnica, pero también como una apuesta estratégica para redefinir el modelo energético del país. De concretarse, Bélgica se sumaría a la tendencia europea de revalorizar la energía nuclear como herramienta para la seguridad energética y la transición climática.