Por la guerra, advierten sobre un posible “abril negro” energético a nivel global

Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de Energía (AIE), advirtió que una crisis energética en el escenario actual podría ser “más grave que las de 1973, 1979 y 2022 juntas”.

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Post Energético

En declaraciones periodísticas a un medio francés, Fatih Birol realizó una advertencia impactante al señalar que la actual crisis energética, desencadenada por el bloqueo del estrecho de Ormuz, puede derivar en un escenario desconocido que impacte en el suministro de tres elementos claves para la economía global: petróleo, gas y alimentos.

Ante esta situación, el actual director de la Agencia Internacional de Energía (AIE) hizo un llamamiento a los gobiernos de todo el mundo para coordinar esfuerzos y mitigar el impacto de la guerra en el Golfo Pérsico. 

“El mundo nunca había experimentado una interrupción del suministro energético de tal magnitud”, afirmó Faith en una entrevista, donde también señaló que esta crisis, provocada a partir de los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán, es “más grave que las de 1973, 1979 y 2022 juntas”.

El principal problema que origina esta advertencia es la disrupción masiva en la oferta global de combustibles. El conflicto en Medio Oriente, con epicentro en Irán, derivó en el bloqueo casi total del estrecho de Ormuz, una arteria estratégica por la que circula cerca del 20% del petróleo y gas mundial. El impacto provocado es inédito: ya se perdieron millones de barriles diarios y estamos frente a daños estructurales en infraestructura crítica.

En este escenario, Faith introdujo la idea de “abril negro”, como una advertencia ante la prolongación de una guerra que está llevando mucho más tiempo de lo previsto, y que ya en marzo mostró sus vaivenes: el mercado pudo ser abastecido parcialmente gracias a los envíos previos al comienzo del conflicto. Pero a partir de abril, ese “colchón” de disponibilidad de recursos comienza a desaparecer, dando como resultado que las pérdidas de suministro podrían duplicarse respecto al mes anterior.

Esto puede derivar en una transición que vaya de una crisis de precios del crudo a nivel global, a una crisis de disponibilidad física de recursos, con faltantes concretos de combustibles clave como el diésel y combustible para la aviación, todos ellos esenciales para el transporte, la industria y el funcionamiento del comercio global.

Al mismo tiempo, Birol advirtió que las herramientas tradicionales, que son utilizadas ante situaciones de conflicto armado, empezaron a mostrar sus límites: recientemente, los países miembros de la IEA anunciaron la liberación de reservas estratégicas en un volumen récord de 400 millones de barriles, equivalente a cerca del 20% de los stocks disponibles. Sin embargo, el mercado no acusó recibo de esta medida y no surtió el efecto esperado por los países miembros. 

Como en otras crisis globales, el golpe no será homogéneo para todas las economías. Asia, como unas de las regiones más dependientes de las importaciones energéticas, aparece en principio como el actor más expuesto a esta coyuntura, aunque el impacto también comenzará a sentirse en Europa a partir de abril. 

Por su parte, los países desarrollados podrán hacer frente de mejor manera que los no desarrollados al escenario que se espera en un futuro inmediato: un combo crítico formado por la suba de la energía, el alza en los precios de los alimentos y el aumento de la inflación.