La guerra en Medio Oriente se extiende y sus efectos a escala global recién empiezan a advertirse. Con el petróleo superando los 100 dólares por barril, el gas natural licuado tocando los 20 dólares e incertidumbre por el abastecimiento de vastas regiones del planeta, como Europa, que necesitan imperiosamente comprar hidrocarburos para el funcionamiento de sus economías.
El escenario es tan volátil que todavía resulta prematuro dimensionar el impacto que tiene el conflicto para la Argentina pero sí se pueden avizorar algunas posibles consecuencias, en términos de balanza comercial, mercado local de combustibles y provisión de gas importado en el invierno.
Con una producción récord diaria rozando los 900 mil barriles y un saldo exportable que ronda los 300 mil barriles, el petróleo aportará más divisas a la balanza energética que en 2025 arrojó un saldo positivo de 7.815 millones de dólares. Si bien los volúmenes serán similares a los del año pasado -hasta que no se termine el oleoducto VMOS– se puede vislumbrar un incremento significativo en términos de valor, en comparación con los 65 dólares promedio que tuvo el Brent el año que pasó, mientras hoy parece estacionarse en los 100 dólares.

Sin embargo, los analistas consideran que es difícil todavía establecer si el escenario con el crudo por las nubes se consolidará o tendrá un impacto corto, las últimas novedades hacen pensar más en lo primero pero el cambio es minuto a minuto. De acuerdo con algunos cálculos privados, con el barril a 80 dólares las ventas de petróleo al exterior podrían aportar unos 2.000 millones de dólares adicionales, es decir que en 2026 el superávit energético podría superar los 10.000 millones de dólares.
Más presión en los surtidores
La contracara de los precios altos del petróleo es la presión sobre los combustibles locales, por la decisión del Gobierno de permitir que en los surtidores las naftas tengan un costo de paridad de importación, es decir como si no fueran un producto nacional.
Si bien el presidente de YPF, Horacio Marín, volvió a jurar que no habrá un cimbronazo, ya se registran las primeras subas en el canal mayorista del gasoil, un insumo fundamental para la producción agropecuaria y la logística, y en menor medida en las naftas, por lo que tendrá un efecto en la inflación de marzo. Es que la petrolera estatal busca amortiguar la volatilidad pero si la brecha se extiende deberá comenzar a trasladarlo o iría en contra del “compromiso honesto” con los consumidores que Marín propuso en 2024, por el cual en caso de bajar el precio internacional bajan los combustibles pero también a la inversa.

Una complicación para el invierno
La guerra sorprendió al Gobierno cuando busca cambiar el mecanismo de importación de gas natural licuado para el invierno. En lugar de hacerlo Enarsa, como ocurre desde que se compra GNL, la secretaría de Energía quiso correr a la compañía estatal y lanzó una licitación para que lo haga un privado.
Los pliegos fueron publicados la semana pasada y la apertura de sobres está prevista para fines de abril, en un cronograma muy apretado teniendo en cuenta que el primer buque debe arribar a fines de ese mes. Con precios del gas licuado por encima de los 20 dólares por millón de BTU, casi parece imposible que un trader encuentre un incentivo para traerlo a ese valor, sumarle un fee y que lo pague la demanda.
Entre los consultores crece la idea de que finalmente será Enarsa quien tome a su cargo la realización de tenders para comprar unos 23 barcos para que arriben al puerto de Escobar entre abril y agosto, una cantidad similar a la que compró el año pasado.

En 2025 el Gobierno debió desembolsar 700 millones de dólares para traer 27 buques con gas natural licuado, a un promedio de unos 12 dólares por millón de BTU. Es decir, que este año la provisión de GNL para el invierno podría tener un costo muy superior, ya que para mayo ese combustible se ubica por arriba de los 20 dólares, aunque luego desciende por el fin del invierno europeo, que es el período de mayor demanda. No obstante, de continuar el conflicto podría mantenerse alto e incluso complicarse el abastecimiento en un contexto de tanta tensión global.
En otro momento, cuando no existía el gasoducto Néstor Kirchner -rebautizado Perito Moreno- ni la reversión del Gasoducto Norte, el impacto del conflicto hubiera sido letal para la economía argentina, como se verificó en 2022 tras la invasión de Rusia a Ucrania, que llevó el gas licuado a valores exorbitantes, obligando al Estado a desembolsar cifras millonarias en subsidios.
Sin embargo, la dependencia del gas importado aún continúa porque se suspendieron obras de expansión de la red troncal de gasoductos, como la segunda etapa del Néstor Kirchner, en parte reemplazada por una iniciativa privada que estará en funcionamiento el año que viene y permitirá un importante un ahorro anual estimado por la empresa de 700 millones de dólares. También sigue inconclusa la reversión del Gasoducto Norte: no están terminadas cuatro plantas compresoras que aportarían unos 5 millones de metros cúbicos por día adicionales en el norte, lo que permitiría ahorrar GNL.
En julio del año, el país atravesó días de verdadera zozobra en el abastecimiento de gas natural, que incluyó cortes al GNC a industrias firmes e incluso a algunos hogares, algo que no venía ocurriendo, a partir de errores en la planificación por parte de la autoridades.