Edenor y Edesur tuvieron aumentos de tarifas muy por arriba de la inflación pero no pudieron evitar los grandes apagones

Desde que asumió Milei, ambas distribuidoras recibieron incrementos reales de más de 140% pero en días recientes dejaron a millones de usuarios sin luz en los picos de consumo, mientras el Gobierno demora una obra clave de transporte

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Post Energético

Durante muchos años se repitió como un mantra que los cortes en verano se debían a que por las bajas tarifas las empresas distribuidoras Edenor y Edesur no podían realizar las inversiones necesarias para brindar un servicio adecuado en los picos de demanda de verano. Sin embargo, en las últimas semanas esa hipótesis pareció refutarse: a pesar de los fuertes aumentos de tarifas de la era Milei, ninguna de las dos compañías pudo evitar un colapso. 

De acuerdo con cálculos de El Post Energético, desde el inicio de la gestión libertaria, Edenor tuvo un aumento en el valor agregado de distribución (VAD) del 408,3 por ciento, frente una inflación acumulada de 186 por ciento, lo que implica que en términos reales los ingresos de la distribuidora que controlan los empresario Daniel Vila, Luis Manzano y Mauricio Filiberti aumentaron un 143 por ciento en dos años. 

Por el lado de Edesur, la compañía que forma parte del grupo italiano Enel, los números son bastante similares, por lo que en ningún caso puede justificarse que se produzcan apagones masivos -virtuales black out– en sus áreas de concesión y por fallas en sus subsistemas propios de transporte eléctrico, que no son los troncales que opera Transener, compañía en la que Enarsa puso a la venta el paquete de acciones que controla a través de Citelec, en conjunto con Pampa Energía.  

En los contextos de olas de calor prolongadas, donde las temperaturas mínimas son elevadas, las redes no puede refrigerarse y con los picos de consumo colapsan, como sucedió esta semana con la subestación Morón, arrastrando luego a otras de la propia de la compañía, lo que luego hizo que Central Puerto salga de servicio en forma automática, al no tener dónde entregar energía. 

Una situación similar a la ocurrida en la víspera de año nuevo, en la subestación Bosques de Edesur, en Florencio Varela, que produjo tal perturbación que llevó a la salida de servicio de varias máquinas generadoras. “La diferencia entre Edenor y Edesur es que una es mala y la otra es pésima”, sentencia un ex funcionario que pasó largas jornadas de calor pendiente del consumo energético. 

Sin embargo, en la discusión pública se suele ponderar el servicio de la distribuidora que tiene la mitad y el norte del área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) como mejor que la de su par del sur. Lo cierto es que prestan servicio en zonas que tienen características económicas y sociodemográficas diferentes, amén de que Edesur está desde hace años en una situación de virtual abandono. 

Un sistema al límite sin inversión 

El sistema energético se encuentra casi al límite de sus posibilidades. A la falta de inversiones en la red de transporte que operan las distribuidoras de la Buenos Aires y parte del conurbano, se suma la saturación de las líneas que traen energía de otras partes del país -como la represa Yacyretá o las del Comahue– y la imposibilidad de sumar nueva generación en la ciudad, donde funcionan grandes termoeléctricas como Central Puerto, Costanera y Dock Sud, entre otras.

La secretaria de Energía, María Tettamanti, admitió públicamente que como el AMBA no puede “importar” más energía de otras regiones, el máximo que puede abastecer son 11.500 megavatios.  La solución es una obra denominada AMBA I, cuya licitación la cartera energética viene prometiendo pero nunca concretó por problemas con el financiamiento, ya que el Gobierno quiere hacerla como concesión de obra pública y que sean los beneficiarios quienes afronten el costo, algo que solo ocurrirá una vez que se concluya. Por eso exploran alternativas con organismos multilaterales para que adelanten los fondos. 

El plan AMBA I es un proyecto de unos 1.100 millones de dólares que incluye una estación transformadora en Plomer y líneas de alta tensión para poder inyectar más energía en Buenos Aires y el conurbano. Si bien durante la gestión de Alberto Fernández la iniciativa consiguió financiamiento de bancos chinos, las obras nunca comenzaron por las internas políticas, sobre todo de sectores contrarios a la participación del gigante asiático en el sector energético.